VENTAS: HISTORIA DE UNA PRISIÓN DE MUJERES (1933-1969)

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El pasado día 18 de noviembre tuvimos la gran satisfacción de inaugurar la exposición  “Ventas: historia de una prisión de mujeres (1933-1969)” en el Centro Cultural Antonio Machado, Organizada por el Colectivo de Víctimas Invisibilizadas con la colaboración de Podemos San Blas Canillejas.

Este evento cobra más reivindicación coincidiendo casi en fecha con el 40 aniversario de la muerte del dictador genocida. Y sirve de toque de atención también para remover esa falta de sensibilidad y de voluntad política de nuestros gobernantes en todo lo que se refiere a Memoria Histórica. Irónico que se nos diga desde esas instancias que nos gusta remover el pasado, mientras se permiten infamias de homenajes de ese aniversario por todos los rincones. Por no hablar de la rémora ideológica franquista de gran parte de esa clase política, de la negativa de los conservadores a retomar la ley de la MH con todo lo que conlleva en lo relativo a la reparación y también la búsqueda de restos, eliminación de símbolos franquistas por toda la geografía del país, etc…

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El acto de inauguración comenzó con la presentación de Carlota Ferrer miembro del CVI, que agradeció al comisario de la exposición, el historiador Fernando Hernández Holgado y a  Podemos SBC el hecho de tenerla en nuestro distrito.

Las imágenes proceden principalmente de tres fuentes: las efectuadas durante la República por el fotógrafo Alfonso Sánchez , las del reportero Martín Santos Yubero y las que se conservan en la Biblioteca de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

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La cárcel de ventas se construyó en 1931 durante la Segunda República , fue ideada por Victoria Kent directora de prisiones. Su objetivo era dignificar la vida de las mujeres en el centro como no se había realizado hasta el momento.

Se buscaba un edificio luminoso, con patios internos, y servicios hasta entonces desconocidos: aulas, enfermerías, pabellones para mujeres con hijos, talleres de trabajo etc..

Fue la primera prisión concebida con parte de la instalación para mujeres con sus hijos, de ahí la importancia de las terrazas en la parte superior para los baños de sol necesarios para los pequeños. Se componía originariamente de 6 galerías divididas en 25 celdas individuales (con cama, pequeño armario, mesa, silla) con ventanas grandes, talleres, dos enfermerías, talleres, escuelas y salón de actos que tras la victoria de las tropas nacionales se convertiría en capilla.

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Toda esta gran idea de reforma y modernización se desplomó tras la guerra civil y la victoria franquista. La cárcel siguió funcionando pero dando un giro de 180 grados sobre su inicio. Se multiplicó su capacidad, llegando a ocupar pasillos, escaleras, azoteas, durmiendo las internas en suelos, sin calefacción y con solo dos médicos para atender a toda la población reclusa. Tras la posguerra casi todas eran prisioneras políticas acusadas de colaborar con la república. Se implantó la educación fascista y los actos religiosos se multiplicaron.

Los episodios más terribles tuvieron lugar en los primeros años de posguerra, donde cualquier ligera sospecha o simplemente ser familia de “rojos”  bastaba para terminar entre sus muros. Se practicó todo tipo de trato humillante y torturas hasta con electrodos traídos por la Gestapo. Se practicaban rocambolescos juicios sumarísimos sin ningún tipo de garantía y grupos de condenadas eran transportadas en camiones hasta las cercanas tapias del cementerio de la Almudena, donde eran fusiladas.

 Tras la guerra aquellos recintos individuales se convirtieron en mazmorras sin ningún tipo de mobiliario, donde se hacinaban hasta 12 mujeres que, en el mejor de los casos, tenían algún jergón.

En unas instalaciones calculadas para un máximo de 500 reclusas, llegaron a hacinarse hasta un máximo de 14.000 en los años 40-50, número que descendió en los años posteriores.

Hambre, sed, enfermedades, humillaciones, torturas, juicios sumarísimos y fusilamientos pasaron a ser el día a día de ese recinto .

Se documentan unas 90 ejecuciones, pero todas las fuentes hablan de que esa cifra se quedó corta. El fusilamiento que más conmovió fue el de “Las Menores” o “Las Trece Rosas” , convirtiéndose en mito de la resistencia y el martirio.

A todo ello habría que sumar un centenar de fallecimientos por las enfermedades y condiciones de vida. La población infantil fue especialmente vulnerable a semejante horror, y  parte de ella engrosó las cifras de la denominada “adopción impuesta”.

Pese a las condiciones extremas las mujeres combatían esas penurias con un entramado solidario clandestino que estaba conectado al exterior.

Ventas se consideró uno de los centros penitenciarios con peores condiciones durante la época de la dictadura.

La cárcel fue demolida a principios de los setenta sin dejar vestigio alguno. En los años posteriores se construyeron viviendas de alto nivel dentro de una oscura operación inmobiliaria. Aquella comunidad de propietarios asumió como propios unos terrenos que no lo eran, hasta que los vecinos consiguieron recuperarlos y que volviesen al ayuntamiento. Actualmente se está terminando de construir un parque en esa ubicación, donde está también prevista una intervención memorial en referencia a lo que fue la prisión, aquella idea innovadora que tras la contienda se convirtió en el peor “almacén de mujeres”.

Vídeo: Nacho    Texto: Andrés

 Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia
José Saramago

 

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