ÉL NO TE QUIERE….

Laura mira el reloj: pronto llegará; suspira y se le acelera el corazón. Jamás pensó que aquel hombre tan atento, tan aparentemente cariñoso cuando se conocieron hace años, se convertiría en la peor de sus pesadillas.

 Tiene que hablar lo menos posible, sabe que cualquier cosa que diga puede enervarle; tampoco puede parecer demasiado complaciente: es fácil que lo interprete mal; siempre es así. Se abre la puerta y él la mira de modo inquisidor; no dice nada, sólo observa.

Empieza el interrogatorio:

– ¿Has visto cómo vas? ¿Saliste así a trabajar? (Coge su móvil). ¿Y este Antonio? ¿Es nuevo en tu trabajo? Seguro que estás deseando acostarte con él.

Ella apenas puede hablar, mira hacia el suelo, aterrorizada… -¡Sin mí no eres nadie! ¿Lo sabes? Comienza a gritar: ¡Vas a dejar de trabajar! Esa gente no hace más que meterte cosas raras en la cabeza!

¡Te pasas el día en casa de tu madre. A saber lo que le cuentas! ¡No vales nada, no sabes la suerte que tienes de estar conmigo, y mira cómo lo agradeces!

El tono sube, y de una patada derriba una silla. Ella corre hacia el baño y se encierra empiezan los gritos y golpes a la puerta. Se oyen objetos lanzados al suelo. Los minutos parecen horas y nunca ve el momento de salir.

Esta vez se libró de los golpes. Suena la puerta: es la policía; alguien los llamó. Él la fulmina con la mirada mientras les preguntan por lo ocurrido. Laura tiene tanto miedo que ni siquiera escucha lo que se está hablando…

Laura no existe, es un relato ficticio, pero hay miles de historias así en todos los rincones. Unas son conocidas, pero la mayoría permanecen ocultas incluso a la propia familia, y sólo salen a la luz con sus dolorosas y a veces fatales secuelas. Nada de esto es nuevo, si bien es cierto que la conciencia social va aumentando en la mayoría de países civilizados.

Por violencia de género se entiende cualquier tipo de violencia física o psicológica ejercida por el solo hecho de ser mujer, en un amplio sentido. Me centraré esta vez en el maltrato en el ámbito de la pareja.

 

 Violaciones, prostitución forzada, explotación laboral de la mujer, y en general, cualquier ataque contra su integridad, libertad, seguridad etc… se consideran también violencia de género. No obstante, dada su complejidad y amplitud, estos aspectos tendrán cabida en un futuro en entradas posteriores de este blog.

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El origen del maltrato parte de la propia cultura ancestral machista, sostenida tras el paso de siglos como algo no discutible. Y prolongada mucho más en países como el nuestro que padecieron gobiernos dictatoriales basados entre otras cosas en papeles muy definidos que dejan a la mujer como un objeto en segundo plano.

La mayoría de civilizaciones arrastran históricamente la rémora de una supuesta supremacía del hombre, y el papel de la mujer en tareas domésticas y de procreación.

La religión ha jugado un papel fundamental en esa relegación y sometimiento de la mujer al mandato y la voluntad masculina. Durante años, la incultura y el haber sido aceptadas socialmente en muchos ambientes esas conductas machistas, causaron que hoy sigamos hablando de este grave problema.

Actualmente las cifras son demoledoras en nuestro país, donde se calcula que se producen más de 347 denuncias diarias. Teniendo en cuenta que sólo se deciden a dar ese  paso una parte del total de las víctimas, los datos reales pueden ser espeluznantes.

Es una cuestión de educación en las escuelas, en el ámbito familiar, social y laboral. Las conductas machistas de hoy pueden generar mañana algún tipo de violencia física o psicológica mañana.

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 Los medios no están jugando el papel que debieran y tan sólo suelen dedicarse a dar la noticia del maltrato cuando ha tenido ya consecuencias muy graves. Poco ayudan ese tipo de programas dirigidos a un público joven, que fomentan unos comportamientos donde la dignidad de la mujer queda a unos niveles propios de hace medio siglo.

Los recortes terminan de agudizar el problema y en los últimos años los tijeretazos brutales han alcanzado el 30%. No se puede prevenir ni combatir sin partidas presupuestarias suficientes.

Un estudio afirma que el 97% de las víctimas se encuentra en paro. Existe una relación directa entre la dependencia económica y las denuncias que no se llegan a producir. Se está condenando a miles de mujeres a una situación forzada de riesgo en algo que podría llamarse “violencia de género económica”.

El agresor, aparte de otras prácticas, se vale del chantaje y control económico de los recursos para doblegar a su pareja.

Se repiten también otra serie de patrones en él, como la humillación continua de la víctima, que lleva incluso a hacerla creer causante de su propio maltrato; los hijos; la propia familia,… Todo es susceptible de convertirse en arma arrojadiza de esta vorágine irracional.

El perfil tipo de la víctima de violencia de pareja en España es una mujer entre 41 y 50 años que convive con su agresor (datos 2014). Sin embargo dos años atrás ese mismo perfil establecía la pinza más frecuente entre los 21 y 30 años. El maltratador, por su parte, suele mostrar un grado de inseguridad elevado que le hace intentar controlar a su pareja hasta grados casi carcelarios. La intención es manipular, humillar hasta que la pareja pierde la propia autoestima.

El agresor suele emplear la técnica del aislamiento paulatino para asegurarse el completo sometimiento de su víctima. Con frecuencia, se trata de personas que fuera de ese ámbito de pareja son social y aparentemente normales, incluso amables, pues temen ser descubiertos por el entorno de la maltratada.

 Un factor fundamental  que causa que no se denuncie es el miedo, la incertidumbre de que el agresor pueda quedar absuelto y su grado de violencia aumente tras la denuncia.

Es, por ello, fundamental, el apoyo de ese entorno, pues no siempre las señales de alarma son evidentes. Nadie mejor que la propia familia, amigos o compañeros de trabajo pueden notar cambios no explicables en la persona.

Tarea prioritaria aparte del apoyo legal es el psicológico. No se entiende evitar la violencia sin que la mujer pueda salir del círculo del sometimiento conviviendo con su agresor. La celeridad de la maltrecha justicia es fundamental sobre todo en los primeros momentos a la hora de aplicar medidas cautelares como alejamiento, cárcel,…

Los Juzgados de Violencia sobre la Mujer reciben más de 33.000  solicitudes de protección cada año. Jueces y otros funcionarios llevan años desbordados. Las pulseras han demostrado ser un dispositivo telemático eficaz, pero incomprensiblemente, sólo se suelen usar la tercera parte de las más de 3.000 disponibles.

Queda mucho camino por recorrer y tenemos que implicarnos todos, si vemos cerca de nosotros algo que nos haga pensar en maltrato, tenemos la obligación moral de no mirar a otro lado; por mucho que se trate de personas allegadas y aunque ello afecte seguramente a nuestra relación con alguna de esas personas.

Estos últimos días saltaron los casos de tres mujeres asesinadas en apenas día y medio. Se debe y es necesario informar, y más aún en estos temas. La cruz es que hay quien piensa que a veces la difusión de estas noticias (al igual que ocurre con los suicidios) causa un efecto imitación (parece que hasta en un 25% de los casos, según estudios de la Universidad de Granada en el 2010).

Equilibrar la balanza entre informar y concienciar sobre hechos tan graves, sin caer en la redundancia, sería un debate aparte y bastante delicado…

*Dedicado a todas las mujeres que tuvieron la mala suerte de convivir con su mayor enemigo, y sobre todo a las que supieron salir, para que marquen el camino a las que aún no ven esa salida.

Andrés

 

 http://www.guiaviolenciadegenero.com/quienes-somos.php Guía violencia de género

http://observatorioviolencia.org/ Observatorio Violencia (Fundación Mujeres)

http://www.policia.es/org_central/seguridad_ciudadana/upap/inicio.html Unidades de Prevención, Asistencia y Protección.

 

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