HUIR HACIA ADELANTE…

Dicen que la prensa es el cuarto poder, quizá a veces se quedan cortos y se convierte en el segundo o el primero.

Hoy día los medios están globalizados más que nunca y cualquier acontecimiento o suceso en el último rincón de este planeta puede dar la vuelta al mundo con la magia de la difusión en cuestión de minutos. Es como si cientos de millones de humanos fuésemos dando vueltas como programados y, de cuando en cuando, saltase alguna interferencia que revolucionara las conciencias.

No basta que algo sea real y tangible “per se”. Tiene que ser noticia para existir; es de locos, pero es así.

Un ejemplo son los oprimidos, los desplazados, los refugiados y las víctimas de las guerras. Ellos, aparte de ser los infortunados protagonistas de  la desigualdad, son los olvidados del devaneo mediático cotidiano, sobre todo si pertenecen al tercer mundo.

Por eso nos asombramos cuando leemos que actualmente hay 14 conflictos muy graves por su impacto sobre la población, y otros 40 graves, algunos de ellos desde nada menos que 1948 (datos del 2014). Como muestra, Somalia con 500.000 muertos o Afganistán con 2.000.000 de víctimas en su guerra civil.

Este medio centenar largo de casos de la ignominia planetaria está provocando a su vez el desplazamiento de decenas de millones de personas.

Pero no nos imaginamos (salvo personas “in situ”, muy implicadas en intentar paliar las consecuencias de la vergüenza global) cientos de miles de personas huyendo del horror en Uganda, por ejemplo.

Cuando la desgracia está tan extendida, es tan masiva y, sobre todo, tan continua, es menos dada a los grandes titulares.

Hace más de dos semanas la foto del pequeño Aylan apareció en todos los rincones del mundo desarrollado. Parece que hacía falta ponerle una imagen individual a la desgracia de cientos de miles de personas, para que Occidente recordara una vez más que formar parte del mundo desarrollado, también exige un compromiso con los países que no lo están. No existe el tercer mundo porque no disponga de recursos naturales, sino porque precisamente ha interesado explotar esos recursos a costa de la población.

Así que, de repente, la opinión pública y los medios apretaron las tuercas a los gobiernos ególatras y éstos tuvieron que admitir su parte importante de responsabilidad. Aquí hizo falta, además, que ayuntamientos del cambio y gran parte de los ciudadanos sacaran de su pereza a un gobierno que hablaba y regateaba cuotas, como quien compra pescado en una subasta. Luego, quizá pensando en votos más que en otra cosa, donde decían “presión migratoria” empezaron a hablar de refugiados.

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Pero no nos engañemos, las noticias, por muy impactantes que sean, tienen caducidad, y cuando van pasando a segundo plano o cotidianidad van dejando de tener relevancia y prácticamente dejan de existir. La solidaridad de la UE va a durar (quizá ya ha durado) lo que dura un cubo de hielo en un vaso de agua. Lo que ha sido reconocido como vergüenza del mundo occidental ya es foco de demagogias, de discusiones y de utilización xenófoba. Los de siempre vuelven al discurso reaccionario de “primero los de aquí”, pero carece de sentido; “primero los que más necesitan”, eso es lo lógico, sean de donde sean.

Enrocados en su dialéctica, los cavernarios hablan de yihadistas escondidos entre los refugiados como si no supiéramos que los terroristas viajan por mil medios más fáciles. O como si olvidaran que gran parte de esos terroristas fueron antiguamente armados y entrenados por nuestros gobiernos, a conveniencia de la política exterior del momento.

Cuando alguien siga mezclando inmigración con huir de guerras habrá que recordarle la definición de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de Refugiados:

  un refugiado es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.. (Pagina de ACNUR)

 

Una vez más (al tiempo), tendrán que ser estas corporaciones de la nueva política las que tiren de las orejas al gobierno a la hora de la verdad. Las que le sonrojen y lleven la iniciativa al margen de discursos de demagogia de todo a un euro.

Una vez más, algunos medios quizá removerán de nuevo la empatía dormida de esta vieja Europa, que padece de Alzheimer intencionado…

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